lunes, 18 de julio de 2022

Decíamos ayer... y habían pasado casi 4 años.

    Esta coletilla, tan manida y tan utilizada, tiene su origen en un acontecimiento, o dos, que tuvieron lugar uno hace mucho tiempo, aunque en esta misma galaxia y el otro no hace tanto tiempo.

Fray Luis de León, imagen de Wikipedia

Fray Luis de León, imagen de Wikipedia

    La frase en primera instancia se le atribuye a Fray Luis de León, el cual tras pasar casi cuatro años en prisión, por problemas con la inquisición, cuando volvió a su cátedra en la Universidad de Salamanca dijo esa frase.

    A Fray Luis se le acusaba de herejía, un cargo muy grave allá por el siglo XVI, se le acusaba de preferir textos de la biblia en hebreo por encima de los textos latinos, el participaba en una comisión donde se discutía la reimpresión de la Biblia de Vatablo, una versión traducida directamente del hebreo, frente a los que defendían que "pervertía el significado y sentido de las Sagradas escrituras", refiriéndose a las traducciones del griego (septuaginta) como a la Vulgata de San Jerónimo, que se habían avalado en el reciente Concilio de Trento, al final esta comisión daría lugar a una guerra entre Dominicos y Agustinos, dando con Fray Luis, que era Agustino entre rejas, de su estancia entre rejas se le atribuye el siguiente texto:

Aquí la envidia y mentira

me tuvieron encerrado.

Dichoso el humilde estado

del sabio que se retira

de aqueste mundo malvado.

Y con pobre mesa y casa

en el campo deleitoso,

con sólo Dios se compasa

y a solas su vida pasa

ni envidiado ni envidioso.

   Aunque no se puede decir a ciencia cierta si la dijo o no la frase "Decíamos ayer...", ya que cuando volvió no asumió la misma cátedra que dejara vacante cuando se inició su estancia en prisión, si es posible que la dijera, debido a que el siempre se mantuvo fiel a sus principios y  Fray Luis sabía que toda la universidad e incluso toda Salamanca estaba pendiente de su primera intervención al volver a la universidad.

    A la otra persona que se le atribuye la frase es a Miguel de Unamuno, a su vuelta del exilio de 7 años en Canarias durante la dictadura de Primo de Ribera. Curioso que también tenía cátedra en Salamanca.


Miguel de Unamuno, Wikipedia


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